¿Qué es el vínculo?

¡Hablemos del vínculo humano – animal!

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¿Qué es el vínculo humano-animal?

Últimamente se habla mucho del vínculo humano-animal, parece que es un término de moda, pero suelen surgir muchas preguntas al respecto:

  • ¿Qué es realmente el vínculo humano-animal?
  • ¿De qué nos sirve que exista este vínculo humano-animal?
  • ¿Existen aplicaciones prácticas del estudio de este vínculo?

Vamos a intentar aclarar un poco estos puntos en este post.

¿Qué es realmente el vínculo humano-animal?

Muchas veces se confunden los términos vínculo, relaciones e interacciones en el ámbito de lo humano – animal.

De hecho, actualmente tenemos una ciencia que estudia todo esto.

¿Qué es la Antrozoología? Es la ciencia que estudia las interacciones o relaciones humano-animales.

Así pues, evidentemente, la antrozoología se ocupa de nuestro vínculo emocional con los animales de compañía, pero también cómo nos relacionamos con especies que el ser humano consume (cerdos, vacas, etc) o con especies salvajes con las que interfiere en su entorno (jabalíes, lobos, osos, etc).

Entonces, cuando hablamos de interacciones o relaciones con otras especies, puede que ese vínculo exista o no.

¿O quizá esto dependa del significado que le demos al concepto vínculo?

El vínculo, según la definición de la Real Academia de la Lengua Española es:

Unión o atadura de una persona o una cosa a otra.

Por tanto, entendido así, cuando hablamos de vínculo humano-animal deberíamos tener en mente aquellos animales a los que estamos unidos, aunque esta unión no tiene por qué ser emocional, sino que simplemente podría ser una unión debida a que se comparte entorno o a que hay interacción por alguna razón.

Y también es una perspectiva diferente si hablamos de vínculos individuales, de una persona concreta con algún otro animal concreto, o si nos referimos al vínculo entre dos especies, como la humana y la canina.

En este punto está claro, por ejemplo, que el ser humano y el perro están vinculados, unidos como especies, en coevolución desde hace como mínimo 14000 años, pero también estamos vinculados a otras muchas especies, con las que convivimos o con las que interaccionamos.

Otra cosa es que cuando se piense en vínculo nos planteemos el vínculo emocional.

El ser humano tiene la capacidad de vincularse emocionalmente a otras especies, de tal manera que puede llegar a sentir apego por individuos de otras especies.

Eso sí, antes de seguir, tocaría definir apego:

Apego: estrecho vínculo emocional que hace que un individuo sienta a otro como una figura de referencia, fuente de seguridad emocional.

Visto así,

  • ¿Crees que hay personas que sienten apego por sus perros o gatos?
  • ¿Los perros y gatos pueden sentir apego por las personas?

La respuesta es que sí, y la ciencia ya lo ha demostrado.

Al final podemos hablar de vínculo, interacción o relación entre el ser humano y otros animales, pero hay que tener en cuenta que no siempre nos referimos a un vínculo emocional.

Eso sí, el vínculo emocional existe y suele ser el foco de la mayoría de la atención cuando nos referimos a nuestros animales de compañía.

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¿De qué nos sirve que exista este vínculo humano-animal?

Si nos referimos al vínculo como unión, en el entorno, queda claro que el ser humano como especie única no podría sobrevivir y que necesita de esa relación con otras muchas especies animales para su subsistencia.

Si nos referimos al aspecto más emocional del vínculo, hay que tener en cuenta que el ser humano es una especie gregaria (de vida en grupo).

Esto significa que tiene una necesidad innata de sentirse arropado por una red social. Por tanto, el hecho de que las personas seamos capaces de aumentar nuestra red social incorporando otros animales con los que vincularnos emocionalmente supone un mecanismo adaptativo muy beneficioso.

Nos permite tener más individuos para ayudarnos a superar el día a día,
para sentirnos más acompañados.

Es decir, se trata de una ventaja para nuestras vidas.

¿Existen aplicaciones prácticas del estudio de este vínculo?

Pues, rotundamente, SÍ. Y son infinitas, tanto si hablamos del vínculo afectivo como del vínculo de simple interacción.

Un gran ejemplo podría ser la lucha contra el abandono de los animales de compañía.

Así pues, la antrozoología nos permite comprender los factores que hacen que una persona se vincule más o menos a su perro o gato, y conocer las causas por las que algunas personas abandonan a sus compañeros de cuatro patas.

Con toda esta información se pueden crear campañas más efectivas para prevenir el abandono.

Si quieres ver un ejemplo práctico sobre esto que te comentamos aquí, te invitamos a que respondas este formulario sobre el vínculo con tu perro, y este sobre el vínculo con tu gato.

Ambos son para un estudio científico internacional y ¡creemos que puede ser de muchísima utilidad para la prevención del abandono!

Otro caso de utilidad del conocimiento del vínculo humano-animal es la gestión de colonias de gatos callejeros. Si se pretende que la gente respete y colabore con esta gestión en sus barrios, donde comparten espacio con estos gatos, hay que comprender qué percepción tienen de estos animales, para poder reconducirla si fuera necesario.

Pero la aplicación no se limita a los animales de compañía.

Conocer el vínculo (aquí entendido como tipo de interacción) que tenemos con algunas especies casi desaparecidas de nuestro entorno, como el lobo por ejemplo, nos permite establecer estrategias para su reintroducción en nuestros bosques, promoviendo la comprensión y la colaboración de la población.

Estos son sólo unos pocos ejemplos, pero, como podéis imaginar, la aplicación se puede extender a todas las especies animales.

Este artículo ha sido escrito en colaboración con la Dra. Paula Calvo, Doctora en Antrozoología.

Paula es una crack en todo lo relativo al estudio de esta ciencia, ya hace 10 años que nos conocemos y estamos colaborando en cosillas muy diversas así que, por qué no, hemos pensado en sacar esta serie de posts sobre el vínculo, que creemos que pueden servirte muchísimo.

Si quieres saber más de Paula, puedes conocerla en su web antrozoologia.com. Donde, por cierto, ¡también me encontrarás a mí por allí! 😛