La frustración humana

Existe esa creencia de que tener un perro «es fácil». Que los problemillas que puedan ir surgiendo serán rápidos de cambiar o que con el tiempo las cosas pasarán. Pero… ¿Quién no ha adoptado un perro y se ha visto sobre pasado? Sin ir más lejos, yo la primera.

Entender que un perro es un ser totalmente independiente con sus motivaciones, sus cargas emocionales y que no DEBE obedecer porque sí, es algo que ayudará mucho a que tú, como guía gestiones mucho mejor las situaciones estresantes que se te puedan ir presentando.

Son seres independientes que pueden fallar en cualquier momento. Casi nunca habrá la certeza absoluta de que un perro siempre actuará igual.

Tu frustración

Si, la tuya. La humana. Como cualquier tipo de relación no va a ser siempre igual. Y cuando eres cuidador de alguien no siempre será un camino de rosas. Aparecerán cambios inesperados, nuevas prioridades, necesidades, etc. Y por tanto es totalmente normal que te puedas frustrar. No intentes evitarlo, ocultarlo o sentirte culpable. Es algo inherente en nosotros, en los perros y en muchísimas especies. Se trata de no dejar que eso se apodere de toda nuestra visión y aprender a gestionarlo adecuadamente.

Yo misma, a veces me «enfado» con mi perra porque un entreno ha ido mal, porque en el paseo no me ha hecho el caso que quería, porque me ha robado un calcetín… pero más aún me molesta enfadarme con ella. ¿Te ha pasado alguna vez? Eso que dices, «es que, ¿Porque me enfado con ella? Si no tiene la culpa…«

La frustración es un sentimiento súper útil si nos aliamos con él en lugar de ponerle una barrera. Cuando tu no consigues algo, puedes dejarlo pasar y no exponerte más a ello o bien reflexionar y decir: «vale, ¿Y cómo puedo conseguir eso otro modo?» Pues así es como me gustaría que afrontaras esos momentos.

Aprovecha tu frustración para mantener tu motivación alta y seguir en aprendizaje constante.

Paseos

Los momentos donde más nos podemos frustrar es en los paseos. Cada uno con su tema, pero hay muchas cosas que pueden desencadenar ese sentimiento.

  • La llamada. Lo llamas, lo llamas y lo llamas sin resultado. Prefiere seguir corriendo y jugando y tu te pones de los nervios, te da miedo que se aleje, que se asuste…
  • La correa. Te tira como un caballo y por mucho que hagas ejercicios no hay manera, él solo quiere pasear intensamente y olerlo todo al ritmo de la luz.
  • Problemas de conducta. Cuando se presentan esas situaciones no sabes cómo actuar, se desencadena la reacción y después dices «tenía que haber hecho esto…» «¿porque no me ha hecho ningún caso?» «¿qué he hecho mal?». Y te vuelves a casa con una mala experiencia.
  • Comer del suelo. Te hartas a decir que suelte, miras el suelo para intentar que no coja nada, le ofreces intercambios… pero tu perro coge más rápido de lo que puedes ver.
  • Intranquilidad. No se puede ir a tomar algo sin que arme una serenata, no te puedes parar a hablar con alguien… y al final vas en piloto automático todo el paseo para evitar ese momento.
  • Relacionarse. Aunque vaya con intención de juego es muy intenso, no sabe parar, no tiene límites… y al final acabas corriendo detrás de tu perro para que no moleste o genere conflictos.
  • ¡Y seguro que me dejo muchísimos temas que seguro tú me puedes decir!

Sobre los paseos hemos hecho muchísimos posts sobre cómo tratar esos problemas a nivel perruno. Así que te invito a que eches un ojo y te empapes de todo el conocimiento. Y si tienes cualquier duda, ya sabes. ¡Estamos detrás!

Pero hoy me voy a centrar en ti. Quiero ayudarte y que veas que no eres la única persona con esos problemas y que si los enfocas de distinta conseguirás beneficiarte para seguir sumando.

Detecta tus emociones

Antes de nada debes conocerte a ti mismo y aprender a reconocer las emociones. No es fácil ¡aviso!

Igual que siempre te digo que antes de tratar una conducta que no nos gusta hay que saber la raíz y empezar por ahí, contigo igual.

¿Esa frustración viene del miedo, una mala experiencia, la incertidumbre…? Detecta eso e intenta desglosarlo al máximo. Por ejemplo:

Mi perro una vez se escapó y tardé 2 horas en recuperarlo (mala experiencia). Desde entonces me da mucho miedo que vuelva a pasar y si a la segunda vez que lo llamo no viene me empiezo a enfadar pensando que volverá a pasar lo mismo (miedo). Si te cuenta eso una amiga, ¿Qué le dirías?

  1. Eso pasó. Y es un mal momento que por supuesto tienes derecho a pasar de la forma que te nazca. Pero ya está. Ha terminado. Vamos a intentar recordar ese evento para saber qué desencadenó que se fuera tanto tiempo (un presa, un rastro, miedos, se desubicó…) y así poder predecir para próximas veces. Pero no te encierres en eso y creas que todo va a ser así a partir de ahora. Muchas veces no es así, pero el miedo a que pase de nuevo impide que nos demos cuenta.
  2. Si ahora te da miedo soltarlo, empieza desde 0 un trabajo de llamada. Asienta unas bases y machácalas mucho. Que por tu parte no quede el intentarlo todo.
  3. Medidas de seguridad o paliativos. Medidas que harán que el problema no vaya a más o no se siga reforzando. Utiliza un GPS para poder controlar por dónde se mueve, una correa larga para tener la posibilidad de pisar la correa o ten la certeza de que estás en un sitio donde no hay riesgo alguno.

¿Ves por dónde voy? Muchas veces nos encallamos en ese momento vivido o momento que queremos evitar en lugar de buscar una solución. Yo te recomiendo que te plantees 2 tipos de soluciones o alternativas:

  • A corto plazo: medidas de seguridad o paliativos. De esta forma tú te sentirás segura. Esta sería para ese tiempo en el que aún no te ha dado tiempo a hacer trabajo con tu perro.
  • A medio-largo plazo: un plan de trabajo en el que tengas en cuenta el tipo de perro que tienes, sus aprendizajes previos, su carácter, etc. Adáptalo por completo (también a ti) y ponte manos a la obra. Este es el que es más costoso a nivel de implicación, pero el que luego da esa tranquilidad y satisfacción cuando empiezan a verse los resultados.

El tiempo de recuperación

¿Te suena ese concepto? Es exactamente lo que dice el nombre. El tiempo que tardas en volver al estado de homeostasis, es decir a tu estado (en este caso emocional) normal.

Cada individuo (humano, perruno…) tiene su tiempo. Pero por supuesto es trabajable. Seguro que si me conoces de hace tiempo habrás leído que el tiempo que el perro vuelve a «la normalidad» después de un evento muy estresante es fundamental y que también hay que considerarlo parte del trabajo de modificación de conducta.

Después de un mal rato con tu perro, ¿Cuánto tardas en recuperarte emocionalmente? ¿Te quedas dándole vueltas horas o días? ¿Sigues con el paseo normal?

A veces hay que empezar por este factor ya que lo que pasa después de un conflicto es igual de importante que el propio desarrollo del conflicto.

Por tanto, te invito a que reflexiones. Después de ese momento, ¿Qué haces? Te paras y te sientas para relajarte, te vas directa a casa, terminas el paseo pero ya de mal humor y sin fijarte tanto en lo que hace tu perro, lloras, riñes a tu perro fruto de tu acumulación de estrés… Una vez sepas qué es lo que haces piensa: ¿Hacia dónde me lleva esa reacción? ¿A la calma o a un bucle sin fin?

Te propongo que busques algo que hacer que te ayude a calmar esos nervios y lo vayas poniendo el práctica. Quizás al principio te cueste o ni siquiera pienses en ello en el momento. Pero ya verás que al cabo de un rato dirás «ostras que nerviosa voy». Darse cuenta ya es un gran paso. Ese será un buen momento para empezar a implementar esa acción que hayas decidido hacer. Poco a poco irás mecanizándolo e incluso tu propio cuerpo te lo pedirá, cuando quieras darte cuenta tu tiempo de recuperación será mínimo y por tanto serás mucho más capaz de racionalizar y actuar de forma más objetiva. Te lo digo por experiencia.

En resumen,

Mi objetivo en este post era que entendieras que tú eres igual de importante. Para poder ayudar, antes debes estar bien. O como mínimo tener herramientas para que no sean dos los que lo pasan mal. Al final, no dejamos de ser responsables de nuestros perros. Igual que los padres de sus hijos.

Espero que te haya resultado igual de interesante que a mi este post, cuéntame si pones en práctica algún consejo y déjame tus dudas u opiniones aquí en comentarios. ¡Te leo!

¡Un abrazo enorme y hasta la semana que viene!

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