Una casa de acogida es el lugar donde un perro en adopción puede vivir hasta que una nueva familia le adopte. Y aunque la casa donde estén en ese momento no vaya a ser la definitiva, las responsabilidades son las mismas.
De esta manera, puede vivir fuera de un refugio, en un entorno lo más parecido posible a una familia.
¿Todos los perros necesitan una casa de acogida?
Si te preguntas si todos los perros necesitan, o les vendría bien vivir en una casa de acogida, la respuesta es sí.
No es lo mismo vivir en un refugio que en una casa, donde sus necesidades estén siempre cubiertas, tengan unas rutinas y puedan convivir con una familia que les ayude a ser felices mientras se encuentra su familia definitiva.
Eso sí, como hay más perros abandonados que casas de acogida disponibles y preparadas, a veces se ha de priorizar. Y hay perfiles de perros que lo van a necesitar más que otros y que van a tener que pasar por delante por mucho que nos pese por todos los demás:
- Perros convalecientes, recién operados o muy mayores
- Perros con problemas de conducta graves que empeorarán en un refugio (miedos, fobias…)
- Perros muy sensibles al estrés, los cambios climáticos, el ambiente… algunos perros lo pasan especialmente mal
- Cachorros y perros muy jóvenes

Las casas de acogida son especialmente prioritarias y clave en estos casos.
En los perros recién operados, seniors, o convalecientes, una casa de acogida puede estar más al tanto del tratamiento necesario, cubrir bien las necesidades específicas que presenten y que no tengan que vivir esos periodos con un nivel de estrés como el que hay en un refugio.
Con el segundo y tercer caso, los perros con problemas de conducta graves y los que tienen alta sensibilidad a los cambios, es muy perjudicial que sigan en la protectora ya que su conducta no mejorará (e incluso empeorará) y por tanto sus posibilidades de salir adoptado se reducen muchísimo.
Y en el caso de los cachorros y adolescentes, la casa de acogida puede mejorar de manera exponencial toda la socialización, el crecimiento, la educación básica, la enseñanza de todas las normas sociales y que, cuando llegue la adolescencia, todos los cambios hormonales que afectan al comportamiento y al desarrollo emocional, sean más suaves y no empeore la conducta de manera drástica, como suele pasar en refugios.
Es muy duro ver cómo llega un cachorro al refugio y, cuando tiene 1 año de vida, no ha aprendido nada de lo necesario para ir a vivir a la “vida real”, y acaba con alta probabilidad de pasar toda la vida en el refugio.
Así pues, el rol de las casas de acogida es imprescindible para que los perros tengan mucha mayor probabilidad de adopción exitosa.
Ahora bien: no todo el mundo está preparado para ser casa de acogida, ni para hacerlo con cualquier tipo de perro.

Responsabilidades de la casa de acogida
Dado que el rol de la casa de acogida es tan importante y clave en el bienestar y el éxito de la adopción del perro, la responsabilidad está al mismo nivel.
Una buena casa de acogida ha de intentar, con todas sus fuerzas, ir hacia estos objetivos:
- Mejorar la adoptabilidad del animal
- No hacer al animal muy “suyo”, es decir, que entienda las normas sociales pero pueda ser adaptable a las normas de la familia definitiva.
- Ayudar en la enseñanza de la educación básica del perro
- Cubrir bien sus necesidades
- Adaptarse al tipo de perro que llega a su casa.
- Ser flexible ante todo
Lograr todo esto no es fácil, vamos por partes:
El objetivo de todo refugio y entidad de protección animal es que los animales que llegan, tengan a su familia definitiva lo antes posible, y vivan lo mejor posible en el lugar de transición mientras la encuentran.
Para eso, los perros necesitan tener mayor adoptabilidad. La adoptabilidad es la capacidad para ser adoptados. Lo mucho (o poco) que van a gustar al potencial adoptante. Suena frío decirlo así, pero tenemos que pensar que esto se trata de un “match”, y que, por mucho que nos pese, los estudios confirman que, en este caso, las primeras impresiones sí importan.
Así que, el rol de la casa de acogida es crucial en ese sentido.
Todo esto va ligado con los siguientes dos objetivos:
Cuando hablamos de “No hagas al perro muy tuyo” nos referimos a, básicamente, que tenga unas normas de convivencia lo más neutras posibles. Imagínate, por ejemplo, que en la casa de acogida se le deja subir al sofá o a la cama, y los adoptantes no quieren tener esa norma. Nadie puede juzgar una decisión u otra, pero si el perro ya se ha habituado a dormir en sofá o cama, revertir esto va a ser muy complicado. En cambio, si el animal ha dormido en sus camitas, tiene trabajada la habilidad “a tu sitio” y sabe estar en calma en momentos de ajetreo en casa, los adoptantes van a tener una mucha mejor convivencia con él desde el inicio.
¿Ves por dónde vamos?

Y en cuanto a la educación básica, lo mismo.
Muchos adoptantes empiezan a convivir con el perro y se dan cuenta que no tiene buena gestión emocional, o no sabe comportarse en muchas ocasiones. Temas como el reclamo de atención, el tirar de la correa, hacer pis y caca en la calle… Pueden parecer tonterías pero no lo son, y ¿qué mejor si el animal ya lo lleva aprendido desde la casa de acogida?
A la vez, es clave adaptarse al tipo de perro que llega a casa. No es lo mismo cuidar a un cachorro, que a un perro con miedos que ha sido maltratado, a otro enfermo o a un perrete que no tiene problemas pero queremos educar para que la adaptación sea lo mejor posible.
Y una buena casa de acogida, como es obvio, puede que no tenga la misma habilidad o experiencia para cuidar a uno u otro tipo de perro. Por lo tanto, existen casas de acogida especializadas que hacen trabajos enormemente buenos para un tipo de perros en particular.
Y, ¿Qué pasa con el perro u otros animales que viven en la casa?
Cuando acogemos un perro y ya tenemos otros animales en casa hay que ser prudentes y valorar siempre si, por ayudar, estaremos generando algunos problemas más o afectando negativamente en el bienestar de alguna de las partes. Hay que reflexionar como si de adoptar un perro se tratara, ya que convivirá como uno más durante un tiempo.
A la vez, es importante priorizar el bienestar de los animales residentes en la casa, ya que muchas veces el cambio constante de perros que van pasando en acogida se hace pesado y puede ocasionar que, si no se hace bien, el bienestar de nuestros compis baje. Considerar épocas de descanso, acogidas más largas y mirar bien si realmente el tipo de perro que vamos a acoger va a poder congeniar con nuestros perros, es esencial.
Y hablamos de perros, pero ¡es igual de esencial pensar en ello con nuestros gatos u otras especies!

Pero ser casa de acogida también tiene sus puntos más oscuros, ¿no?
Efectivamente, las personas y familias que hacen acogidas recurrentemente, necesitan pasar por ciertos procesos de gestión emocional que les van a facilitar mucho su labor.
Pongámoslo en contexto:
Cuando acoges un perro, vives con él como si fuera tu propio compañero. Es parte de la familia y, inevitablemente, se crean vínculos afectivos con los demás miembros de la casa.
Y, aunque el objetivo es que se vaya adoptado, es duro dejarlos marchar. Estás todo el rato haciendo pequeños procesos de duelo y echando de menos a muchos animales por los que lo has dado todo, y a la vez te han hecho aprender un mundo.
Todo esto puede llevar a la decisión más fácil emocionalmente y, a la vez, más peligrosa: acabar adoptando a tu acogido.

Imagina que congenias súper bien con él. Tus perros se llevan super bien con el acogido, y realmente ves que en tu casa está genial. Pero no te planteas nada hasta que aparece un adoptante interesado en él.
En el momento en que te comentan que hay alguien interesado en adoptar a ese perro, te planteas seriamente: ¿Y si se quedara a vivir aquí? ¿Y si con la familia de adopción no está tan bien como conmigo?
Puede parecer muy fácil en las primeras acogidas pero es cierto que, si no dejas la plaza libre para la siguiente acogida, al final dejarás de estar disponible para ayudar a otros animales.
El precio a pagar, emocionalmente, puede ser alto, pero también compensa.
Conoces a muchos perros que son felices gracias, en gran parte, a tu labor como casa de acogida. Puedes seguir en contacto con ellos y, a la vez, ayudar a más perros que lo necesiten, siempre y cuando no pongas el riesgo el bienestar de tus compis “permanentes”.
Y, definitivamente, el gran problema de muchos refugios es que, al final, muchas casas de acogida tienen animales a largo plazo, se los acaban quedando en acogida permanente o adoptados, y la entidad pierde a un colaborador esencial.
Es duro dejarlos marchar, sí, pero es más peligroso todavía querer quedártelos a todos.
¿Todo el mundo puede ser casa de acogida?
Esta pregunta nos la han hecho muchísimas veces y la respuesta no es tan simple como parece.
¿Puedes ser casa de acogida?
Sí, y no.
Sí, porque puedes formarte y ayudar a muchos perros de perfil específico. Siempre es recomendable que las casas de acogida tengan experiencia y/o ciertos conocimientos de educación canina. Cuando los perros han tenido una vida muy inestable pueden aparecer problemas de conducta inesperados. Además podrán empezar a darle al perro ciertas bases para cuando encuentre su nueva familia.

Y no, no puedes ser casa de acogida si no estás preparado emocionalmente, por un lado, para acoger, establecer vínculos, y dejar marchar a los perros cuando son adoptados y, por otro lado, si tu situación no permite que entre otro perro a vivir contigo.
Ante todo, piensa en la formación, la experiencia que tengas, el perfil de perro al que puedes ayudar y con el que tu familia humana, perruna y gatuna (u otras especies) sea compatible.
Si te parece una opción viable, y te sientes preparado para ella… ¡Entonces dale caña! Hay muchísimos refugios que estarán encantados de colaborar contigo y que puedas ayudarles.
En resumen,
Hemos visto muchas cosas en este post, pero lo más importante es que, siendo casa de acogida, puedes hacer una labor esencial en el bienestar de los perros y las familias en adopción.
Fíjate: que un perro se encuentre en una casa de acogida da buena impresión a los adoptantes. Lo perciben como un perro que ya sabe convivir y creen que será más fácil.
Además la misma familia de acogida puede difundir al perro de primera mano con fotos y vídeos totalmente cotidianos. Es la persona que mejor conoce al animal y puede, por un lado, difundirlo lo mejor posible, y por otro, ver bien si el adoptante y el perro van a encajar o no.
Si te apetece ser casa de acogida, pregunta en los refugios y entidades de tu zona. Seguro que muchas de ellas necesitan este rol en sus colaboradores. Y, a la vez, no dejes de formarte. Ahí tienes nuestros cursos online en los que seguro encontrarás información súper valiosa
¿Qué te parece? ¿Eres ya casa de acogida o quieres serlo? ¿Te ha resonado el artículo?
Si es que sí, ¡déjanos un comentario con tu opinión, es muy importante para nosotras y seguro que podemos ayudarte a buscar refugios donde colaborar!


